La meditación y la salud

 

La meditación tiene grandes beneficios para la salud, es uno de los mejores antídotos contra la excesiva tensión de la vida moderna. El estrés lleva al cuerpo a una respuesta de “lucha o lucha”, sin darle alternativa. Esta respuesta puede ser válida para sobrevivir durante un tiempo limitado, pero a la larga la respuesta hormonal resultante puede causar serios problemas de salud. La meditación nos alivia de este estrés; a medida que nos relajamos, el latido del corazón es más lento y la presión arterial baja. La meditación ayuda a reeducar la respuesta mecánica de forma que no reaccionaremos tan fuerte o negativamente a situaciones adversas, también nos aporta la capacidad de permanecer más centrados y tener más control sobre nosotros mismos.

Se ha descubierto que la meditación fortalece el sistema inmunitario, el cual ayuda a defendernos de las enfermedades antes de que nos afecten y nos permite recuperarnos más rápidamente en el caso de enfermar. Últimamente se ha escrito mucho acerca de la conexión entre el cuerpo y la mente. La meditación ayuda a crear una mente sana, una mente que está alerta, positiva y calmada. En su momento, producirá un cuerpo lleno de vitalidad y salud. Un gran maestro de yoga puede controlar los procesos automáticos del cuerpo, como el latido del corazón, el pulso y las ondas del cerebro.

Una vida meditativa ayuda a fomentar otros aspectos de vida sana. Las asociaciones médicas, finalmente, han reconocido que puede alcanzarse un estado general de buena salud con una combinación de meditación, dieta correcta y posturas de yoga.

La meditación fomenta una mente saludable, nos permite desprendernos de estados negativos como el miedo, la preocupación y la cólera y los reemplaza por actitudes positivas. La práctica diaria de enfocarnos interiormente, nos da gradualmente el control sobre el flujo de la fuerza vital y nos permite llevarlo al interior de nuestro ser. Como resultado nos sentimos más satisfechos interiormente y perdemos la adicción a buscar constantemente fuera de nosotros cosas que nos den satisfacción: desde posesiones o interminables diversiones, a drogas y alcohol. El simple cambio de dirección de la fuerza vital tiene resultados espectaculares, lejos de aburrirnos o negar la vida, recuperamos nuestra capacidad para encontrar felicidad en placeres sencillos.

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